Una segunda hija

En la actualidad muy pocas parejas toman la decisión de tener un hijo. Se debaten las dificultades que se enfrentan al momento de formar una familia; los aspectos económicos, la educación, el trabajo, las maneras de educar hasta la religión. Por tanto, el rol parental se ha postergado a la adultez media (pasado los 40). A los 40 estamos más estables económicamente, hemos explotado los cartuchos del festejo veinteañero, las precariedades laborales y llegamos a un término de relativa madurez.

Un primer hijo propone un mundo por explorar, novatadas por cometer y una extraña expectativa de que nuestro mundo puede ser mejor, se nos presenta una oportunidad de formar un ser humano con las virtudes necesarias para enfrentar los retos de nuestro tiempo.

Cuando ya lo sabíamos todo y estábamos listos para escribir un libro que bien podría titularse “He sobrevivido a mi primer bebé”, nos llega una segunda hija. Todo lo aprendido, las experiencias y las novatadas vuelan por los aires. Este bebé no se maneja igual, ha venido codificado de otra manera. Ya viejos y cansados volver a criar cuesta más de lo que pensabas.